¡Apocalipsis ya! Parte 1

¡APOCALIPSIS YA!  

 

 (Parte 1)

 

UNA PROFECÍA CRUCIAL PARA NUESTRO TIEMPO

 

¡YA ESTAMOS EN EL APOCALIPSIS!

 

En Apocalipsis 18.23, el Señor muestra al apóstol Juan lo que acontecería en nuestros días, refiriéndose a Babilonia, el sistema inicuo que se opone a Dios:

 

“…Tus mercaderes se adueñan del mundo y comercian contigo. Por tus sortilegioshas seducido y envenenado a todas las naciones.”

 

En el griego original del Nuevo Testamento, la palabra sortilegioses pharmacon, de donde nos vienen las palabras fármacos y farmacia. Esa palabra pharmacon implica una sustancia que no es natural, una droga, algo antinatural que no es alimento y que está hecha con el propósito de afectar la estructura y función del cuerpo o de la mente. Es sinónimo de veneno, maleficio, embrujamiento, hechizo…  Vemos el mismo significado en los versículos siguientes: Apocalipsis 9.21 y Nehemías 3.4

 

Considere cuántos millones de personashan muerto o han padecido (y siguen sufriendo) los estragos de la química en todos los niveles de la sociedad, sobre todo desde el siglo pasado: pesticidas, emanaciones tóxicas de gases en la atmósfera (industria y vehículos) o por contacto directo (shampoos, maquillaje, cosméticos, cremas y demás productos de cuidado personal, productos de limpieza en el hogar o en los talleres.) Las medicinas de patente (sintéticas) siguen cobrando la vida de innumerables personas cada año, en el mundo entero. Ahora hay que añadir la manipulación genética (transgénica) con sus riesgos que aún no medimos totalmente, y sólo Dios sabe qué más se les ocurrirá a algunos con tal de ganar dinero, a expensas de su prójimo y al fin y al cabo de ellos mismos.

 

Considere cuánta química tenemos que ingerir únicamente en los alimentos: pesticidas, residuos de abono, fosfatos, hormonas de crecimiento y antibióticos en productos animales, genes manipulados, conservantes, espesantes, colorantes, gelificantes, residuos de contaminación ambiental, etc. Añada a eso la química en productos de cuidado personal (véase las páginas 60 a 62) y de limpieza del hogar, las medicinas de patente*, etc. A diario estamos en contacto directo o cercano con muchas de las 100 000 substancias químicas descubiertas. No se ha evaluado realmente la toxicidad de estas sustancias, que aparecen en la lista de los productos susceptibles de provocar cáncer u otras enfermedades degenerativas. Algunas personas llegan a ingerir varios gramos de química cada día. ¡Un estudio médico revela que el esqueleto del hombre moderno contiene de 500 a 1000 veces más plomo que un esqueleto humano de hace cuatro siglos atrás!

 

Tome en cuenta lo siguiente: a partir de tres químicos distintos añadidos a un alimento o en medicinas, nadie puede prever todo el daño que provocará en el organismo (ciertos aditivos tienen efectos mutágenos que afectarán a sus hijos y nietos… Y todavía algunos se asombran por la tasa creciente de cáncer y demás enfermedades degenerativas (trescientas cuarenta veces más que hace un siglo atrás…). ¿Qué nos pasa? Muchos opinan que con tanta tecnología y modernismo, todo debería estar mejor, y pasa exactamente lo contrario. El hombre juega al aprendiz brujo, intentando mejorar la obra de Dios, inventando sortilegios, es decir, química, que al fin y al cabo lo lleva a su propia perdición.

 

A diario vemos las terribles consecuencias de tantas abominaciones perpetradas en contra de la madre naturaleza y del ser humano, obras amorosas de nuestro Creador, que sólo anhela proveernos con todo lo que necesitamos. Es muy poco probable que los gobiernos tomen las decisiones adecuadas y urgentes para cuidar la salud pública, pues son demasiados los intereses económicos que generan las industrias química y farmacéutica. Corremos también el peligro de una guerra química entre naciones o de parte de grupos terroristas suicidas. La sociedad civil, es decir nosotros, somos los que debemos tomar conciencia de esta triste realidad y reaccionar pronto, por el bien de nuestra salud, la de nuestros hijos, y por la supervivencia de nuestro planeta tierra. Según los expertos de la ONU (Organización de Naciones Unidas), si los gobiernos no rectifican inmediatamente la situación catastrófica en la cual se encuentra nuestro medio ambiente, la vida desaparecerá en la tierra hacia el año 2060… De hecho, los científicos llegaron a esta conclusión: ¡estamos apenas a 2 minutos y medio del fin  de esta humanidad! Los responsables de esta contaminación masiva del planeta tierra deberían prestar atención a otra profecía, en Apocalipsis 11.18, donde el Señor declara: “…destruiré a los que destruyen la tierra.” Ya llegó el día en que uno debe cultivar sus hortalizas orgánicas y asociarse con personas que protejan el medio ambiente.

 

Parece que el hombre ha llegado a un nivel jamás alcanzado de inconsciencia masoquista. ¿Hasta cuando durará esta locura que el hombre llama progreso? ¿Cuándo el hombre se dará cuenta que en lugar de querer “mejorar” la obra de Dios, tiene que respetarla y colaborar con ella?  ¡Que Dios nos libere de la fascinación que ejerce la química industrial y farmacéutica! La química omnipresente está convirtiendo nuestro cuerpo en depósito de productos químicos ¿Queremos realmente convertirnos en un bote de basura ambulante? Cada persona tendrá que enfrentar este dilema: ¿morir dentro de las normas (oficiales) o vivir fuera de ellas? Tomemos conciencia de que nuestra vida misma, nuestra salud y nuestro bienestar dependen del respeto a las leyes naturales que nos rigen y de la armonía con nuestro cuerpo, mente y espíritu y con nuestro medio ambiente.

 

*Las medicinas de patente son muy útiles en caso de emergencia (cuando peligra la vida del paciente, cuando los dolores son insoportables o sencillamente cuando no hay otra opción). Esto representa aproximadamente un 20% de los casos. En los demás casos (80%), es preferible recurrir a las medicinas alternativas, es decir, naturales.

 

(Manual de vida, páginas 64 y 65)

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